En medio de todas los grandes apuntes que Elías Canetti nombra en el texto ya citado, me he visto identificada con unas ideas más que con otras, sin decir que me niegue o refute alguna de sus descripciones, es sólo que leyendo con detenimiento el texto he encontrado una enorme similitud entre conceptos que yo solía pensar desde antes, teorías que sin razón alguna en el momento de escribir iban surgiendo en mi cabeza y que con el paso del tiempo han tomado más fuerza, por medio de charlas entre amigos y sobre todo, por medio de más lecturas como la de “La profesión de escritor”.

Siendo egoísta, y pensando en la escritura como un simple método para desahogarse, dejando de lado cualquier trascendencia que pueda llegar a tener un texto ante una sociedad, puedo decir que la escritura es una forma de creer lo que estamos pensando. Es decir, cuando uno piensa da por hecho que entiende situaciones y que tiene creencias, pero sólo en el momento de redactarlas y plasmarlas en un papel es cuando cualquier pensamiento deja de ser eso “un simple pensamiento”, y se convierte en una causa, en un movimiento, en una razón, que sólo ahora que está escrita toma más fuerza, deja de estar en las nubes con la tendencia a olvidarse o perderse y se convierte en un hecho.

Una de las razones donde me encontré más identificada con Canetti fue su concepto de metamorfosis, que en mi caso encaja a la perfección con cierta teoría que había pensado hace algún tiempo: Ser escritor es una profesión muy similar a la de ser actor. Se tiene que ser muchas personas, saber muchas cosas, hay que estar sumamente involucrado en cada pequeño papel y poco puede quedar de una actuación anterior cuando se inicia una nueva, nada tal vez; cada papel y cada personaje son un libro diferente que el escritor se atreve a escribir y a vivir. Lograr transmitir por medio de gestos, tonos y palabras, basarse en situaciones extremas, sea irse de viaje por la muralla china para iniciar un diario de aventuras o cosas tan sencillas como sentarse en una silla en la calle y ver cómo pasan los carros, eso es actuar, eso es comprometerse, eso es parte del deber del escritor, más que el mero hecho de escribir.

Esta misma idea de comparar la actuación con la escritura me lleva finalmente a una conclusión: El arte de la mentira. La habilidad que usamos para mentir sin engañar, porque todo lo que estamos narrando existe, pasa en algún lado, en este caso en nuestra mente; la habilidad de hacer creer cosas que pueden ser o no ciertas pero que generan sensaciones, transportan a lugares y transmiten sentimientos.

¡Quien más sino un escritor puede sacar a un niño de un cuarto encerrado al otro lado del mundo y además llévalo a otra galaxia!

Ser escritor, es ser un mentiroso, mentirosos con causa.

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