Análisis de Muerte en Venecia Thomas Mann/ Luchino Visconti
Diana Lorena Cepeda Estrada
Universidad Central
Pregrado en Creación Literaria
Profesora Nancy Malaver Cruz
Materia: Estéticas
16 de agosto de 2016

Un amigo me preguntó una vez bajo qué criterio decía yo que una película era buena o era mala, porque él sabe que suelo ser algo selecta a la hora de ver películas. Para mí son muy importantes los planos, la fotografía, las tomas y ángulos que utilizan y cómo los utilizan; la ropa, los colores, lo que transmite cada escena, la psicología del color; y no menos importante que todo lo anterior, necesaria (a mi modo de ver el cine) una muy buena banda sonora, el sonido transmite muchas sensaciones. Entonces, en un trabajo bien logrado, todo lo anterior está puesto de manera justa para que la película sea buena, muy buena.
Luego le pregunté yo a él, en qué se basaba para decir que una película es buena o mala, y su respuesta fue que a él solo le importaba que la historia fuera buena.
Qué curiosos y distintos somos, ¿no?
Muerte en Venecia es la unión de muchas de las cosas que digo que me gustan del cine, tal vez no todas pero si reúne muchas, y hago gran énfasis en su banda sonora, es sencillamente hermosa.
También tiene una serie de planos largos que permiten disfrutar del paisaje en contraste con la música. Realmente no parece una producción tan vieja, tiene una excelente calidad.
No hay tantos diálogos, el guión se limita a unas pocas charlas de uno que otro personaje, pero en general la película no necesita de diálogos largos y aburridos para narrar una historia.
Y entre los pocos diálogos que hay, hay dos frases que me gustaron mucho:

El mal es necesario, sin él, no existiría el talento.

El arte es el principio más sublime de la educación.

Ahora, después de ver la película quise leer el libro, y así lo hice. Éste empieza de una forma lineal, distinto a como es la película que eventualmente tiene uno que otro flashback. En el libro la historia comienza por el inicio y va hasta el final, sin saltos de tiempo o movimientos similares.
A medida que iba leyendo la historia iba encontrando detalles con los que me iba sintiendo identificada; pensamientos y sentimientos del protagonista que no son tan ajenos a los míos. Por ejemplo:

Lo que le molestaba no era una dificultad insuperable, sino cierta falta de complacencia en su obra, que se le manifestaba como disconformidad.

Esto es lo mismo que nos pasa a diario al escribir un texto, en busca de ese brillo especial que consideramos debe tener y que va a hacer de nuestra historia algo diferente.

Pero su lema favorito fue siempre resistir, y su epopeya de Federico no era sino la exaltación de esta palabra, que le parecía el compendio de toda virtud pasiva. Y deseaba ardientemente llegar a viejo, pues siempre había creído que sólo es verdaderamente grande y realmente digno de estima el artista a quien el Destino ha concedido el privilegio de crear sus obras en todas las etapas de la vida humana.

Durante la clase de Estéticas del martes dieciséis, varios de los estudiantes comentamos que no estábamos de acuerdo con esta parte, ya que consideramos que no podemos esperar toda la vida para poder hacer un buen trabajo, ni ser buenos artistas.

La soledad engendra lo original, lo atrevido, y lo extraordinariamente bello; la poesía. Pero engendra también lo desagradable, lo inoportuno, absurdo e inadecuado.

Sin entrar más en detalle puedo decir que, analizar la obra permite tener una percepción distinta tanto de los personajes como de lo que les pasa, de forma que nos sentimos identificados o nos sentimos en contra de ciertas pero, siempre logra hacer que uno sienta algo, así sea disgusto, y en mi caso, hace que no me sienta cómoda en muchas cosas, hace que entre en una búsqueda de algo que no sé qué es, de la misma forma que su protagonista lo demuestra.

Bibliografía
Muerte en Venecia (Der Tod in Venedig) libro, Thomas Mann 1912. Muerte en Venecia (Morte a Venezia) película, Luchino Visconti 1971.

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