02 de agosto de 2016
Ensayo sobre El Origen de la obra de arte,
Martin Heidegger, primera parte
Diana Lorena Cepeda Estrada
Universidad Central, Pregrado en Creación Literaria
Profesora Nancy Malaver Cruz
Materia: Estéticas

Llevo un año viviendo en esta habitación y antes cuando no me había mudado a este lugar decía: “tengo pocas cosas”. Durante la mudanza salieron empacados en cajas muchos zapatos, libros, vestidos, cremas, cobijas, hojas y medias. Todas esas “cosas” terminaron siendo muchas, para ocupar muchos espacios donde nuevamente fueron adquiriendo un espacio para cada una, y estando ya ordenadas y escondidas, me dije a mí misma otra vez “tengo pocas cosas”.
Pero ¿qué tengo? Si, puedo asignarle categorías pero sigo sin entender qué es “todo” lo que tengo. ¿Cosas?, ¿cómo me limito a llamar todo lo que rodea mi vida de esa manera?
Por ejemplo, cómo llamar cosa únicamente a algún objeto palpable, y cómo paradójicamente también suelo usar esa palabra en un raro caso, como cuando me refiero a un ser extraño y temerario “La cosa”; como la serie de Netflix llamada Strangers Things, serie en la que las “cosas extrañas” que pasan no son objetos, son momentos, son actividades…
Y entonces, ¿cómo puede la palabra cosa abarcar tanto?
Puede que sí, sea un engaño al que ya nos acostumbramos gracias al lenguaje del que estamos rodeados, y sí, pueda que esto no nos permita ver las cosas como son, pero y entonces ¿cómo son? De qué forma podríamos quitarnos la venda que tal vez nosotros mismos nos hemos puesto, no por voluntad propia sino por costumbre.
Mi mamá puede regañarme por no querer botar muchas cosas a la basura, dice que acumulo basura… pero cómo le explico que no son cosas, que son recuerdos, que un casete no es un simple objeto de plástico con cinta y ya, y que si no lo quiero botar no es tampoco por el valor “sentimental”, tampoco porque sea un objeto único, no; no sé hasta que punto pueda ser posible no mezclar sentimientos con el valor de la obra, porque para mí ese casete, ese objeto, esa “cosa” es una obra y no tengo ni si quiera que explicar el contexto en el que está, el artista del que tiene canciones, o cómo, dónde y cuándo lo adquirí para que sea valorado como una obra.
Y puede entonces que mi mamá no sea el “observador adecuado” para dicha obra, ya que cualquiera de mis amigos (de un grupo específico de mis amigos) valoraría más que ella ese simple casete.
¿Cómo “descositarme” para poder “descositar” (en este caso) a mi mamá?

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