Diana Lorena Cepeda Estrada
 Pregrado de Creación Literaria
 Universidad Central
 Taller de gramática
 Prof. Andrea Vergara G.
 24 de marzo de 2016

Texto Nº 1

La sonrisa fortuita

Segundo 1
Ese hombre tiene la sonrisa más hermosa que jamás había visto en mi vida.
Este momento ha de ser uno de los más bellos de mi existencia. Ojalá mis días fueran la mitad de encantadores que esos dientes y esos labios, porque si bien he visto muchas sonrisas, ninguna se iguala ni compara con esta, ésta no es normal, no es común, es una sonrisa especial.

Segundo 2
No sé qué me encanta más de él. ¡Sí! Quizá son sus dientes, o también pueden ser sus labios o la
voz que sale tras ellos. Podría ser el color de su piel el que hace resaltar sus mejillas, dándole un semblante tan atrayente y llamativo, que cualquier cosa alrededor deja de ser notable después de
su majestuosa expresión.

Segundo 3
Apenas sé qué hace, es fotógrafo, pero bien podría ser mi príncipe y si no lo es, debe ser el príncipe de otra, igual, eso no le quita el título.
Fotógrafo… me pregunto si suele fotografiar su rostro sonriente. Cómo es posible que la gente a su alrededor no se detenga a decirle: ¡Tienes una bella sonrisa! o ¡qué encantadora expresión ¿Sonríes así todos los días?

Segundo 4
Dicen que a los hombres hay que darles tres oportunidades, la tercera para comprobar la segunda o la primera, nadie sabe si fue un buen o mal día. Pero a él, a él no le daría una, ni dos, ni tres, a él le daría una vida entera de oportunidades para que con ese dulce guiño inunde de luz y color a mi monocromático mundo.

Segundo 5
En mi biblioteca de expresiones creo tener bastantes muecas almacenadas, pero ninguna supera a esa, a esa que hoy no me deja ver al suelo y omitirlo entre cuatro blancas paredes.
No puedo ni quiero dejar de verlo, ¿por qué no te quedas conmigo por siempre? Alegrando mis días con tu presencia, evitando que algún día olvide tu hermosa y perfecta sonrisa…

Segundo 6
-Diana, las fotos estarán listas a las seis.

Texto Nº 2

LA CAJA DE LUZ
(Sin puntuación/Molly Bloom)

Ese hombre tiene la sonrisa más hermosa que jamás yo haya visto en mi vida ojalá mis días fueran tan encantadores como cada uno de esos dientes porque si bien he visto muchos gestos de alegría ninguno se iguala ni compara con éste ¡no es normal! ni común es especial me gusta mucho me gustan sus labios y la voz que sale tras ellos me gusta el color de su piel porque hace resaltar sus mejillas me atrae tanto que cualquier cosa al rededor deja de ser importante incluso esa mancha de pintura amarilla al lado del espejo aunque ciertamente parece una mancha de mostaza sobre la bata de un viejo médico de esos que comen perro caliente con el uniforme puesto por eso no me gustan los médicos y no me fijo en ellos porque en el mundo hay más y mejores profesiones como los fotógrafos por ejemplo hombres como él de linda mirada y cabello perfecto como de familia real puede que él sea mi príncipe y si no lo es debe ser el príncipe de otra igual eso no le quita el título y qué más da dicen que a los hombres hay que darles tres oportunidades la tercera para comprobar la segunda o la primera ya que nadie sabe si fue un buen o mal día pero a él no le daría una ni dos ni tres a él le daría una vida entera de oportunidades para inundar de luz y color a mi monocromático mundo ya imagino una vida entera a su lado viviremos en una casa pintada de colores claros puede ser blanca como las cuatro paredes de esta cabina también tendremos un jardín y dos hijos uno Joaquín y una llamad…

—Molly, las fotos estarán listas a las seis.

 

Texto Nº 3

LA CAJA DE LUZ
(Narrador omnisciente)

Es la primera vez que Molly ve a este hombre, siente que él tiene la sonrisa más hermosa que jamás ella haya visto en su vida, la envidia. Desea que cada uno de sus días sea tan encantador como cada uno de esos dientes, porque si bien Molly ha visto muchos gestos de alegría, ninguno se iguala ni compara con éste, no es normal ni común, es especial.

Le gustan sus labios y de la voz que sale tras ellos; le gusta el color de su piel porque hace resaltar sus mejillas; le atrae tanto que cualquier cosa al rededor deja de ser importante, incluso esa mancha de pintura amarilla al lado del espejo, aunque ciertamente, parece una mancha de mostaza sobre la bata de un viejo médico, de esos que comen hot dog con el uniforme aún puesto.
Por eso a Molly no le gustan los médicos, por eso no se fija en ellos, porque sabe que en el mundo hay más y mejores profesiones, como los fotógrafos por ejemplo: hombres como aquel que tiene en frente, de linda mirada y cabello perfecto, como de familia real.

Puede que él sea su príncipe, y si no lo es, debe ser el príncipe de otra, igual eso no le quita el título. Dicen que a los hombres hay que darles tres oportunidades, la tercera para comprobar la segunda o la primera, ya que nadie sabe si fue un buen o mal día. Pero a él, Molly no le daría una ni dos ni tres, a él le daría una vida entera de oportunidades para inundar de luz y color a su monocromático mundo.

Molly ya estaba imaginando una vida entera a su lado, viviendo en una casa pintada de colores claros, blanca tal vez, como las cuatro paredes de esa cabina, imaginaba un jardín y a sus dos hijos, uno llamado Joaquín y la otra llamada Cecilia, pero antes de que su imaginación pudiera llevarla a lugares más cercanos a él, una voz gruesa detuvo sus pensamientos:

—Molly, las fotos estarán listas a las seis.

 

Texto Nº 4

LA CAJA DE LUZ

(Narrador omnisciente/Pasado)

Esa fue la primera vez que Molly vio a ese hombre.
Sintió que esa sonrisa era la más hermosa que jamás había visto en su vida, la envidió. Quiso que cada uno de sus días fuera tan encantador como cada uno de esos dientes, porque si bien, Molly había visto muchos gestos de alegría, ninguno se igualaba ni comparaba con éste, no era normal ni común, era especial.

Le gustaron sus labios y la voz que salía tras ellos; gustó del color de su piel porque hacía resaltar sus mejillas; le atrajo tanto que cualquier cosa al rededor dejó de ser importante, incluso una mancha de pintura amarilla al lado del espejo, que ciertamente, parecía una mancha de mostaza sobre la bata de un viejo médico, de esos que comen hot dog con el uniforme aún puesto.
Esa es una razón por la que a Molly no le gustan los médicos, por eso no se fija en ellos, porque sabe que en el mundo hay más y mejores profesiones, como los fotógrafos por ejemplo: hombres como aquel que tuvo en frente, hombres de linda mirada y cabello perfecto, como de familia real.

Puede que él fuera su príncipe, y si no lo fue, debió ser el príncipe de otra, igual eso no le quita el título. Dicen que a los hombres hay que darles tres oportunidades, la tercera para comprobar la segunda o la primera, ya que nadie sabe si fue un buen o mal día. Pero a él, Molly no le hubiera dado una ni dos ni tres, a él le hubiera dado una vida entera de oportunidades para inundar de luz y color a su monocromático mundo.

Molly imaginó una vida entera a su lado, viviendo en una casa pintada de colores claros, blanca tal vez, como las cuatro paredes de esa cabina. Imaginó un jardín y a sus dos hijos, uno llamado Joaquín y la otra llamada Cecilia, pero antes de que su imaginación pudiera llevarla a lugares más cercanos a él, una voz gruesa detuvo sus pensamientos:

—Molly, las fotos estarán listas a las seis.

Texto Nº 5

LA CAJA DE LUZ
(Dialogo/muletilla tipo “sí” Molly Bloom)

—Ese hombre tiene la sonrisa más hermosa que jamás yo haya visto en mi vida.
Ojalá mis días fueran tan encantadores como cada uno de esos dientes,
porque si bien he visto muchos gestos de alegría,
ninguno se iguala ni compara con éste.
No no no no.
¡No es normal!
¡No es común!
¡Es especial!

Me gusta mmm…
Me gusta mucho, me gustan sus labios y la voz que sale tras ellos,
me gusta el color de su piel porque hace resaltar sus mejillas,
me atrae tanto que cualquier cosa alrededor deja de ser importante incluso…
Esa mancha… de pintura amarilla al lado del espejo,
aunque…no,
ciertamente, parecía una mancha de mostaza sobre la bata de un viejo médico,
de esos que comen hot dog con el uniforme puesto.

Por eso no me gustan los médicos ¿sabes?
por eso no me fijo en ellos, ¡nooo!
porque en el mundo hay más y mejores profesiones
¡como los fotógrafos por ejemplo!
hombres como él, de linda mirada y cabello perfecto,
como de familia real.

Y bueno, ojalá que él sea mi príncipe,
pero ¿y si no lo es?
pues debe ser el príncipe de otra ¿no?
Igual eso no le quita el título.
¿Y qué más da?
Dicen que a los hombres hay que darles tres oportunidades,
la tercera para comprobar la segunda o la primera,
ya que nadie sabe si fue un buen o mal día.
¿Pero a él? A él no le daría una
¡no no no no no!
ni dos ni tres,
a él le daría una vida entera de oportunidades,
para inundar de luz y color a mi monocromático mundo.

Ya imagino una vida entera a su lado,
viviremos en una casa pintada de colores claros,
puede ser blanca, como las cuatro paredes de esa cabina.
También tendremos un jardín y dos hijos uno Joaquín y una llamad…

—Molly, te llaman.

—Las fotos estarán listas a las seis.

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